domingo 8 de enero de 2012

Dignidad de acero. Fin de año en la fábrica ocupada por los trabajadores de Halyvourgia en Atenas.


Dignidad de acero. Fin de año en la fábrica ocupada por los trabajadores de Halyvourgia en Atenas.
Atenas, 2 de enero de 2012.
Escribimos este artículo desde un café en el barrio de Eksarchia, el barrio de la izquierda ateniense, en el que se concentran los locales sociales de las principales corrientes de la izquierda social y política de este país. Un barrio asediado por la policía antidisturbios. A cualquier hora, agentes escudo en mano y con los lacrimógenos cargados, tratan de disuadir posibles disturbios, ataques contra grandes negocios y automóviles de lujo o reyertas entre los múltiples grupos de la fragmentada izquierda ateniense o encontronazos con la también presente extrema derecha. Una extrema derecha en crecimiento, que se alimenta de la actual situación de degradación social y de la nula voluntad por parte de las autoridades nacionales y municipales de integrar y atender a la población migrante que, en tránsito hacia otros países con mejor situación, quedaron secuestrados en este país de la falta de oportunidades. En la plaza Syntagma no volvió a colocarse el famoso árbol navideño que salió ardiendo en 2008 en las jornadas que sucedieron al asesinato del adolescente Alexandros Grigoropoulos por parte de la policía. El árbol ha sido sustituido estos años por otro tipo de adornos más ignífugos. Reflexionando sobre este hecho con los griegos, resulta obvio que la diferencia entre un acto vandálico y una acción política en este contexto es que, lo que unos pocos hacen por su cuenta y riesgo es asumido por la mayoría como expresión de un sentimiento común. Todo el mundo se reconoce en aquella acción, “no tenemos nada que celebrar” dicen, en un país en el que el 40% de las mujeres jóvenes está en situación de desempleo y el IVA alcanza ya el 23%. “Merry crisis and happy new fear”, ironizaba un grafiti. (seguir leyendo)

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