El secretario general del Sindicato Unificado de Polícia (SUP) justitificaba, ante la prensa de la ciudad, la entrada y la carga policial realizada en el interior de la Facultad de Filosofía y Letras a raíz de la protesta de activistas sociales por el desalojo del edificio Valcárcel. La carga se debió a la existencia, según sus declaraciones de "ultras" en su interior. "Ultras", entre los que nombraba a Izquierda Anticapitalista, Brigadas Amarillas y Anarquistas. Pinchando aquí podeís acceder al artículo publicado en La Voz.
Un compañero de Izquierda Anticapitalista le envía esta respuesta que aquí publicamos. (La foto está tomada del Diario de Cádiz).
Un compañero de Izquierda Anticapitalista le envía esta respuesta que aquí publicamos. (La foto está tomada del Diario de Cádiz).
Jesús Rodríguez, profesor de Economía en el IES Cornelio Balbo, sindicalista y militante de Izquierda Anticapitalista
Me dirijo a usted después de haber leído sus declaraciones en el Diario de Cádiz acerca de los lamentables y condenables acontecimientos ocurridos en la Facultad de Filosofía y Letras, durante el acto del juez Grande-Marlaska. Unos acontecimientos que el conjunto de la comunidad educativa no ha dudado en condenar. Un hecho, este último, que usted obvió en un ejercicio de corporativismo.
Sus palabras, a la defensiva, han ocasionado rubor cuando no burla en los medios académicos, pero también en amplios sectores sociales. A mí particularmente estas palabras me han dejado indiferente. No me esperaba otro tipo de declaraciones públicas. Pero he comprendido que su compromiso público con la actuación desmedida, cruel y fuera de lugar llevada a cabo por la policía, ha proporcionado un material valioso para que muchos activistas podamos discutir, también públicamente, con las personas que hoy sufren la crisis y que tienen sobrados motivos para cuestionar las instituciones existentes. También la institución a la que usted pertenece.
Se refiere usted, para justificar la actuación policial, a la existencia de grupos ultras entre los que nombra a Brigadas Amarillas, Anarquistas e Izquierda Anticapitalista, organización esta última, a la que pertenezco, aunque eso ya lo sabrá usted a través del servicio de seguimiento de las organizaciones de la izquierda revolucionaria que hace su cuerpo. Ya pudimos comprobar este seguimiento hacia nuestras posiciones y actividades en otras ocasiones. Nada que ocultar. Ningún compromiso con el sistema que usted apuntala. Estamos en dos orillas distintas y distantes.
Creo que en su comunicado hay un intento claro de evitar las responsabilidades de la Policía en este asunto mediante una maniobra de criminalización de colectivos sociales y políticos. No ha inventado usted nada nuevo en este juego. Pero le aseguro un mal resultado. Lo que mal empieza mal acaba y la triste intervención en la Facultad puede ser difícilmente disimulada mediante esta maniobra de ingeniería mediática, muy propia de la extrema derecha, del viejo régimen con el que nunca rompimos, y por eso, personajes como usted se permiten el lujo de hacer este tipo de declaraciones.
Le diré algunas cosas sobre los colectivos que usted ha nombrado. No oculto mis diferencias con el colectivo, por cierto muy heterogéneo, anarquista. Diferencias sobre cómo organizar una respuesta democrática y eficaz contra la crisis, diferencias programáticas sobre cómo solucionar el desempleo y los despidos masivos, el ajuste criminal sobre servicios públicos esenciales, sobre el inmoral y absurdo rescate bancario... Pero le aseguro que nunca vi a un compañero anarquista desalojando a una familia de su casa mientras el banco que ejecutaba tal decisión recibía donaciones millonarias del erario público; nunca vi a una compañera anarquista lapidando el patrimonio natural de esta provincia en connivencia con los promotores y constructores de la zona sin generar empleo estable en ningún sitio y dejando un modelo urbanístico cuya factura habría que pagar en el medio y largo plazo; nunca vi a un compañero anarquista aprovechando la crisis para realizar despidos masivos para obtener mayores beneficios o chantajear con el desempleo a ningún trabajador para reducir su salario. De hecho, siempre me los encontré oponiéndose, en su tiempo libre, comprometidos de manera desinteresada y solidaria, a este tipo de actuaciones. Sin embargo, he visto siempre a la policía custodiando a todos esos personajes peligrosos, violentos, asegurando su impunidad y su dominio sobre nuestras vidas. Francamente, no creo que nadie perciba a los compañeros anarquistas como un peligro público. Y si hay alguien que lo hace, no serán de aquellos que hoy están siendo golpeados por políticas injustas que hacen que quienes paguen la crisis sean quienes no han tenido responsabilidad en su génesis. Sinceramente, no creo que le funcione esa propaganda.
Sr Camacho, de nuevo mediante ese intento de ingeniería mediática nombró usted a las Brigadas Amarillas, nuevamente un colectivo muy heterogéneo, como bien sabe. Desconozco las dinámicas que se dan en los fondos de los estadios, pero no creo que sea casualidad que en el fútbol gaditano no se promocione en el interior del estadio valores racistas y xenófobos. No creo que sea casualidad que la gente de esta ciudad viva el fútbol de manera tan familiar, sin miedos, con tanta alegría, si no es porque el grupo ultra al que usted se refiere es cualitativamente distinto a los grupos que pululan en otros estadios. No soy de esta ciudad, pero recuerdo haber abandonado en mi ciudad el estadio por la violencia pesada e insoportable que determinados grupos ejercían en las gradas. Esos grupos violentos han tenido vínculos directos con organizaciones de extrema derecha, donde por cierto los lazos con algunos -no todos- miembros de su cuerpo y del estamento militar han sido estables y profundos. Todos conocemos la historia de este país. La mía es la historia de Enrique, de Julián, de Manuel, Germán, Yolanda y tantos otros. Póngale usted los apellidos buscando en los archivos y reflexione acerca de quiénes han sido víctimas de los ultras.
Me viene a la cabeza que, en aquella manifestación masiva contra el cierre de Delphi, el pequeño grupo de gentes que todavía no habíamos constituido Izquierda Anticapitalista, marchábamos en medio de la misma y nos encontramos con una pancarta enorme de las Brigadas Amarillas. La gente de empresas como Alestis, Gadir Solar, Intec Air y otras empresas con problemas, la gente joven de esta provincia que tiene que marcharse no creo que deban olvidar este tipo de gestos solidarios. No creo que las Brigadas Amarillas provoquen miedo a todo este tipo de gente, que son las que mueven esta ciudad cada día.
Por último, no sé si la referencia a mi organización es un aviso. Sr Camacho. Si usted nos lee y hace un seguimiento de nuestras posiciones como me consta que hace su cuerpo con cierta regularidad, sabrá que ya advertimos mediante una iniciativa juvenil (el Water Panthers Party en la manifestación global del 15 de Octubre relacionada con el movimiento de los indignados) que pensábamos que con el cambio de Gobierno iba a abrirse también un cambio de escenario en el papel desempeñado por los cuerpos policiales. Iba a haber más manga ancha para actuaciones como la que usted no ha querido condenar. Evidentemente, entenderá que su actuación y su maniobra mediática no nos coge por sorpresa. Somos gente joven pero nuestra corriente política ha vivido tiempos aún más sombríos. No somos activistas de un día o de un año. Estamos aquí hasta levantar una alternativa. De ahí mi indiferencia. No modificará nuestros hábitos y compromisos. Estaremos donde creamos que debemos y podemos estar. Sin miedo alguno. Seguiremos señalando no sólo a los culpables de la crisis sino, también, cómo organizar una salida que rompa con las actuales instituciones y las políticas actuales. Si su intención es de alguna manera cercarnos con ese comunicado, tendrá que ir allí donde nosotros estamos para intentar confrontar nuestra influencia: en los centros de estudio y de trabajo. Le aseguro un mal resultado. No están bien vistos en esos sitios y si quieren tener algún crédito desde el cuerpo policial deberían aprender a ir rompiendo estos tics corporativistas y a posicionarse claramente con aquellos que son injustamente tratados.

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